miércoles, 4 de septiembre de 2013

Vos en imprenta.

Me sienta bien escribir tu nombre.
Subo y bajo corriendo por las rampas empinadas.
Retrocedo al cruzarme con una montaña alta que le da más diversión a mi travesía por recorrer cada letra consiguiente.

Una línea vertical me da pie para tirar una cuerda que me sostenga y deslizarme por un tobogán que desemboca en un delgado palito hasta toparse con una calle sin salida. Lo paso por alto y sigo mi rumbo dando grandes saltos para así esquivar a un ser largo y flaco que me observa desde arriba. Su acento me intimida y hace que quiera pasar a la siguiente letra. Donde termina tu nombre. Y empieza el mío.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Muy vos.

Ella parada. El sentado.
Permanecieron inmóviles por un rato.
Mirándose el uno al otro y transmitiendo un pasado cargado en sus ojos.
Ambos tenían qué contar. Pero ese momento no era para hablar.
Era momento de olvido. De fingir. De hacer de cuenta.
Lo demás vendría solo.
Fingirían ser el uno para el otro.
Hasta darse cuenta, algún día, que todo había sido tiempo perdido.
Y no habría historia que seguir con falsedad de por medio.

domingo, 25 de agosto de 2013

Pérdida de equilibrio- caída- impacto.

Te siento como cuerda floja.
No tenes esa tensión que me asegura lo firme.
Miro para abajo y  me mareo. Está lleno de piedras
y tu reacción al imaginarte un accidente siendo parte de tal junto con ellas te divierte.
Te dan ganas de soltarte y dejarme caer al vacío.
Y quién me ataja? me atajo yo. Como puedo o como me salga. Con mis manos debajo de mi cuerpo, soportando mi propio peso
y sintiendo la superficie del otro lado.
E impactar.
Impactar junto con otros cuerpos que me esperan.
Impactar deseando caer pegada a un cuadro sin figurita o en su defecto caer justo encima del viejo mazo.
Y agrandar la familia. 
Y agrandar tu ego.

lunes, 12 de agosto de 2013

Des-ordename.

Llegó a su casa cansada, agobiada, exhausta de trabajo que rebalsaba por encima de la tapa de su cráneo.
Tras abrir la puerta, observó el desorden familiar que había sobre la mesa.
No quería recordar lo que había pasado ayer sobre ella. No era tan importante, al igual que tantos otros desórdenes en otras partes de su casa.
Todos esos desconciertos la aburrían temporalmente. Todos iguales, unos más enquilombados que otros.
Necesitaba re ordenar su vida de forma desorganizada, como a ella le gustaba.
Consideró la opción de revisar en los bolsillos de su saco, en busca de un nuevo desorden, y confiando en que este iba a ser un remolino de papeles que le darían vuelta la casa, dejando cosas así como el sillón en el baño o el horno en el dormitorio, introdujo la mano en su bolsillo y sacó un nuevo papelito.
Tomó el teléfono y marcó, un nuevo y desconocido número para su agenda mental, normalmente desordenada. Tal como a ella le gustaba.

jueves, 1 de agosto de 2013

Del revés.

Hoy me levanté con ganas de hacerte daño.
Como no estas a mi alcance, decido buscarte vía internet.
Me acerco a la computadora y ahí está tu nombre, acompañado de un circulo color verde al costado, que marca tu disponibilidad para cualquier tipo de caprichos que se me ocurran.
Tengo ganas de que tu estómago ingiera cualquier tipo de químico y que te deje del revés
El solo pensarlo me alborota de forma efusiva.
Comienzo con una charla que tiende a un desastre y de repente, PUM. Aprieto el botón que detona la bomba. "Enter". Y lo envío. 
Tu reacción complace a mis caprichos, porque dejaste de responder, el circulo permanece color verde,  y ahora estoy a la espera del resultado: Incoherencias que salen de tus manos temblorosas.
Puedo darme cuenta de tu estado de inconsciencia que lucha por seguir la discusión. 
Tu vulnerabilidad me hace fuerte y me aprovecho de ella sacando ventaja, triunfante.
Hasta que de repente, el círculo que se encontraba al costado de tu nombre, ya no está.
Me importa poco si te fuiste porque tu cuerpo no aguantaba y se desplomó sobre el teclado, o si te fuiste porque no querías seguir discutiendo.
Pero tu indiferencia me deja del revés. 

jueves, 25 de julio de 2013

Do re mi.

Me senté cerca suyo. Lo contemplé con la mirada, silenciosamente mientras el tomaba su instrumento preferido.
Apoyé mis manos sobre el regazo de mis piernas.
Me relajé por un momento y dejé que me deleitara con su mejor melodía.
Las notas acariciaban mis oídos mientras esbozaba una leve sonrisa en mi cara.
Dirigí la mirada hacia sus manos para observar cada movimiento que realizaba con sus dedos.
De pronto comenzó a cantar. Los tonos que sus cuerdas vocales alcanzaban me fascinaban. 
Me enojé y a la vez me alegré porque no pude encontrarle ningún defecto. 
Era normal lo que pretendía?
Hacía tiempo que no tocaban para mí. A decir verdad, dudaba que todo esto llevara mi nombre.




martes, 16 de julio de 2013

Colectivo.

Caminé hasta la parada un tanto inconsciente. Mi colectivo llegó. A penas pude descifrar el número lo paré.
Me subí y busqué el asiento individual más cercano antes de caer al piso.
Sentía como el viento me cacheteaba descaradamente la cara.
Miré por la ventana y te vi pasar en la bicicleta.
La luz de un auto te hizo desaparecer.
Anhelaba con ser dueña de alguna de las casas que desfilaban a lo largo del viaje.
Por un momento, durante quién sabe cuantas paradas percibí tu subida.
Al levantar la vista, confirmé que todavía estaba algo inconsciente.
Perdí la noción de dónde me encontraba, así que me puse a mirar a los autos que pasaban del lado opuesto. 
Sentía que un caño me iba a atravesar la cabeza.
El colectivo comenzó a llenarse de gente que iba ocupando de a poco su lugar hasta que un hombre se paró al lado mío y mi cabeza se apagó. 

domingo, 7 de julio de 2013

Vaya sorpresa.

Tuve tres segundos para reaccionar y entender lo que estaba pasando.
Tuve toda una noche para levantarme del sillón e irme a mi casa.
Insistí en quedarme, intentando apagar las situaciones e imágenes que se encendían en mi  cabeza.
A tan solo un metro se encontraba una mentira que no iba a soportar. O quizá una verdad demasiado insoportable e inesperada.
Cuanta humillación. La confusión me había ganado y ahora me esperaba en  la meta sentada.
Fue todo delante de mi.
Debo admitir que confundí las cosas y te doy algunos créditos.

viernes, 5 de julio de 2013

Escondidas.

Puedo describirlo como una situación un tanto extraña, que nunca me había sucedido antes.
Estuvimos sumergidos en la oscuridad de una habitación pequeña durante algunos minutos.
Sin decir palabra alguna. Casi sin respirar. Nuestros cuerpos no emitían ningún sonido.

Detrás de la puerta, corría paralelo un juego de escondidas, que nos incitaba cada vez más a perdernos en nosotros mismos.
Gritos externos que provenían de nuestros compañeros ya encontrados,  golpeaban la puerta de la habitación generando cada vez más tensión de la que ya había.
De repente, comencé a sentir su mirada sobre mi rostro, y su respiración sobre la mía.
En cuestión de segundos, todo lo que pasaba a nuestro alrededor se congeló brindándonos el protagonismo.
Nos encontrábamos a centímetros. 
Dejamos que los miedos se filtraran de a poco por la cerradura de la puerta,  y que arrasaran con los prejuicios que estaban por entrar.
Nos hicimos uno. Nos dejamos llevar. Nos olvidamos de las escondidas. Nos olvidamos de todo.

martes, 2 de julio de 2013

La rutina de tu ruta me rompe la re concha de tu hermana.

Qué gracia que me da andar por la misma ruta que transité hace un tiempo, y leer carteles dirigidos a 
bicicletas diferentes a la mía.
Qué curiosos que son los caminos de tierra que se trazan cruzando el asfalto de mi ruta. Todos de tierra.
Hasta un simple viento los hace desaparecer. Levanta un polvo molesto que se nos mete en los ojos y ahí es cuando decido
tomar otro camino porque la verdad, es que me cansa.
Que rutina aburrida. Que carteles errados. Señales confusas me alejan cada vez más de mi rumbo. 
Tal vez sea mejor. No quiero seguir pedaleando por una ruta que no me corresponde.

martes, 25 de junio de 2013

Sentidos sin sentido.

Te voy a pedir que subas y cierres la ventana porque me  gusta el olor que entra desde la cocina de tu cabeza.
Agudizá tus oídos y olfato porque quiero que sientas algo que te voy a cocinar, que es muy rico (no?) y algo lindo que te voy a decir bajito.
Abrí bien los ojos y aprecia las curvas de mi  
  c u r s i v a.
No tendrías que saberlo pero estoy bloqueada. Mi mente se puso en blanco hasta que saliste corriendo y se me aceleró el pulso, me  empujaste. 
Medí tu tacto y regalamelo para mi cumple.
Deleitame con una buena conversación.

martes, 18 de junio de 2013

Hoy, para vos.

Detrás de esta figura, me gusta sentirte como puedo.
Esperarte y leerte. Encontrarme y escribirme.
Y después de un par de horas, despedirnos sin hacerlo, 
dejando siempre la puerta entreabierta para que se filtre otro encuentro que nos llene la panza de nosotros mismos.

lunes, 10 de junio de 2013

Tiempos.

Bendito era cada día de la semana.
Bendito era ese colectivo que nunca frenaba.
No bastaba con que más de una mirada fulminante se posara sobre los ojos del chofer, que  pretendía convencer de no haber reparado en el tumulto de gente.
Tampoco bastaba con más de un brazo estirado intentando imponer más presencia de la que realmente tenía.
Y por qué bendito. Porque la hacía enojar. Y eso lo volvía loco.
Sus cuerpos se cruzaban cortando con el frío que los envolvía todas las mañanas.
Ella llegaba tarde. Él, temprano.
Se desencontraban de tal manera que a su vez lograban ser uno en cuestión de segundos.
Al pasar, a veces fingían no haberse visto, y luego ambos volteaban, y se volvían a encontrar. Como todos los días.
Ni la curiosidad ni esos encuentros fugaces pudieron con ella. Prefirió comenzar a usar la bicicleta para no retrasarse más. Sino, terminaría buscando otro trabajo.

martes, 4 de junio de 2013

Un último viaje. (vuelos)

Sumergido en la oscuridad, saturado de la bronca y el odio, ahogado en el miedo, aún así obedeció hasta el último momento.
Sentado en silencio, escuchó las súplicas de sus compañeros y esperó a que llegara su turno.
Comprendió que todos los sentimientos que se estaban presentando sobre su cuerpo y mente, iban a ser los más intensos, los últimos seguramente.
Lo descomprimieron tanto física como mentalmente.
No había retorno. Dejó que hicieran con su cuerpo lo que quisieran. Como lo habían hecho con los demás.
Comenzó a sentir una leve brisa que luego se potenció de tal forma que se le dificultaba respirar.
Sintió y escuchó puertas abrirse. Sintió el aire puro pero lleno de mierda al mismo tiempo.
De repente, dos manos lo empujaron desde atrás y cayó.
Caída libre. Caída eterna. Su pecho explotó. Su cuerpo se debilitó. Su cabeza enloqueció. Su mente se borró.
En cuestión de segundos impactó sobre el agua, lo que provocó el crujido en ambas piernas. El dolor lo superó y lo obligó a desmayarse.
El agua lo tapó, al igual que a los miles de cuerpos que yacían a su alrededor sumergidos en ese cementerio helado, saturado de vidas, recuerdos, ideas, sentimientos, años prometedores desperdiciados, yendo a favor de la corriente de ríos a la espera de un mundo más, que ahora terminaría siendo parte nada más y nada menos que un festín para las criaturas que vivían en ellos.

lunes, 3 de junio de 2013

3 kilos de culpa.

De repente se encontraba enfrentada  a una situación  por la que siempre imploraba no tener que pasar, pero sucedió.
Parada, frente a su mayor enemigo, quedó paralizada intentando pensar de qué manera reaccionar.
Sentía frío, como si se tratase de un empujón inesperado a una pileta en pleno invierno. Si caía en ella, se iba a quedar sin aire para siempre.
Sus arterias se taparían dificultando, casi imposibilitando el paso de la sangre que las recorría constantemente.
Eso significaba que su muerte ahora iba a ser dolorosa, una muerte sufrible. De esas que nadie quisiera tener.
Por lo menos eso es lo que ella creía. 
En realidad, más que una muerte, era una decepción de sí misma.
Una buena oportunidad para dejar caer todas sus promesas en un balde lleno de debilidades hambrientas que esperaban con ansias la hora del postre.
Después de esto, su tímida autoestima se iba a ir a vivir al centro del mundo, cavando un pozo tan profundo, alojándose donde se encuentra lo caliente.
Ahí se quedaría hasta derretirse y formar parte de uno de los cantos millones de toneladas de sustancia rocosa de la tierra.
Después  de castigarse por unos minutos,  volvió a sí, abriendo la heladera y tomando ese balde de helado de 3 kilos que su madre -ahora protagonista y culpable de sus debilidades- había dejado allí.