Te voy a pedir que subas y cierres la ventana porque me gusta el olor que entra desde la cocina de tu cabeza.
Agudizá tus oídos y olfato porque quiero que sientas algo que te voy a cocinar, que es muy rico (no?) y algo lindo que te voy a decir bajito.
Abrí bien los ojos y aprecia las curvas de mi
c u r s i v a.
No tendrías que saberlo pero estoy bloqueada. Mi mente se puso en blanco hasta que saliste corriendo y se me aceleró el pulso, me empujaste.
Medí tu tacto y regalamelo para mi cumple.
Deleitame con una buena conversación.
martes, 25 de junio de 2013
martes, 18 de junio de 2013
Hoy, para vos.
Detrás de esta figura, me gusta sentirte como puedo.
Esperarte y leerte. Encontrarme y escribirme.
Y después de un par de horas, despedirnos sin hacerlo,
dejando siempre la puerta entreabierta para que se filtre otro encuentro que nos llene la panza de nosotros mismos.
Esperarte y leerte. Encontrarme y escribirme.
Y después de un par de horas, despedirnos sin hacerlo,
dejando siempre la puerta entreabierta para que se filtre otro encuentro que nos llene la panza de nosotros mismos.
lunes, 10 de junio de 2013
Tiempos.
Bendito era cada día de la semana.
Bendito era ese colectivo que nunca frenaba.
No bastaba con que más de una mirada fulminante se posara sobre los ojos del chofer, que pretendía convencer de no haber reparado en el tumulto de gente.
Tampoco bastaba con más de un brazo estirado intentando imponer más presencia de la que realmente tenía.
Y por qué bendito. Porque la hacía enojar. Y eso lo volvía loco.
Sus cuerpos se cruzaban cortando con el frío que los envolvía todas las mañanas.
Ella llegaba tarde. Él, temprano.
Se desencontraban de tal manera que a su vez lograban ser uno en cuestión de segundos.
Al pasar, a veces fingían no haberse visto, y luego ambos volteaban, y se volvían a encontrar. Como todos los días.
Ni la curiosidad ni esos encuentros fugaces pudieron con ella. Prefirió comenzar a usar la bicicleta para no retrasarse más. Sino, terminaría buscando otro trabajo.
Bendito era ese colectivo que nunca frenaba.
No bastaba con que más de una mirada fulminante se posara sobre los ojos del chofer, que pretendía convencer de no haber reparado en el tumulto de gente.
Tampoco bastaba con más de un brazo estirado intentando imponer más presencia de la que realmente tenía.
Y por qué bendito. Porque la hacía enojar. Y eso lo volvía loco.
Sus cuerpos se cruzaban cortando con el frío que los envolvía todas las mañanas.
Ella llegaba tarde. Él, temprano.
Se desencontraban de tal manera que a su vez lograban ser uno en cuestión de segundos.
Al pasar, a veces fingían no haberse visto, y luego ambos volteaban, y se volvían a encontrar. Como todos los días.
Ni la curiosidad ni esos encuentros fugaces pudieron con ella. Prefirió comenzar a usar la bicicleta para no retrasarse más. Sino, terminaría buscando otro trabajo.
martes, 4 de junio de 2013
Un último viaje. (vuelos)
Sumergido en la oscuridad, saturado de la bronca y el odio, ahogado en el miedo, aún así obedeció hasta el último momento.
Sentado en silencio, escuchó las súplicas de sus compañeros y esperó a que llegara su turno.
Comprendió que todos los sentimientos que se estaban presentando sobre su cuerpo y mente, iban a ser los más intensos, los últimos seguramente.
Lo descomprimieron tanto física como mentalmente.
No había retorno. Dejó que hicieran con su cuerpo lo que quisieran. Como lo habían hecho con los demás.
Comenzó a sentir una leve brisa que luego se potenció de tal forma que se le dificultaba respirar.
Sintió y escuchó puertas abrirse. Sintió el aire puro pero lleno de mierda al mismo tiempo.
De repente, dos manos lo empujaron desde atrás y cayó.
Caída libre. Caída eterna. Su pecho explotó. Su cuerpo se debilitó. Su cabeza enloqueció. Su mente se borró.
En cuestión de segundos impactó sobre el agua, lo que provocó el crujido en ambas piernas. El dolor lo superó y lo obligó a desmayarse.
El agua lo tapó, al igual que a los miles de cuerpos que yacían a su alrededor sumergidos en ese cementerio helado, saturado de vidas, recuerdos, ideas, sentimientos, años prometedores desperdiciados, yendo a favor de la corriente de ríos a la espera de un mundo más, que ahora terminaría siendo parte nada más y nada menos que un festín para las criaturas que vivían en ellos.
Sentado en silencio, escuchó las súplicas de sus compañeros y esperó a que llegara su turno.
Comprendió que todos los sentimientos que se estaban presentando sobre su cuerpo y mente, iban a ser los más intensos, los últimos seguramente.
Lo descomprimieron tanto física como mentalmente.
No había retorno. Dejó que hicieran con su cuerpo lo que quisieran. Como lo habían hecho con los demás.
Comenzó a sentir una leve brisa que luego se potenció de tal forma que se le dificultaba respirar.
Sintió y escuchó puertas abrirse. Sintió el aire puro pero lleno de mierda al mismo tiempo.
De repente, dos manos lo empujaron desde atrás y cayó.
Caída libre. Caída eterna. Su pecho explotó. Su cuerpo se debilitó. Su cabeza enloqueció. Su mente se borró.
En cuestión de segundos impactó sobre el agua, lo que provocó el crujido en ambas piernas. El dolor lo superó y lo obligó a desmayarse.
El agua lo tapó, al igual que a los miles de cuerpos que yacían a su alrededor sumergidos en ese cementerio helado, saturado de vidas, recuerdos, ideas, sentimientos, años prometedores desperdiciados, yendo a favor de la corriente de ríos a la espera de un mundo más, que ahora terminaría siendo parte nada más y nada menos que un festín para las criaturas que vivían en ellos.
lunes, 3 de junio de 2013
3 kilos de culpa.
De repente se encontraba enfrentada a una situación por la que siempre imploraba no tener que pasar, pero sucedió.
Parada, frente a su mayor enemigo, quedó paralizada intentando pensar de qué manera reaccionar.
Sentía frío, como si se tratase de un empujón inesperado a una pileta en pleno invierno. Si caía en ella, se iba a quedar sin aire para siempre.
Sus arterias se taparían dificultando, casi imposibilitando el paso de la sangre que las recorría constantemente.
Eso significaba que su muerte ahora iba a ser dolorosa, una muerte sufrible. De esas que nadie quisiera tener.
Por lo menos eso es lo que ella creía.
En realidad, más que una muerte, era una decepción de sí misma.
Una buena oportunidad para dejar caer todas sus promesas en un balde lleno de debilidades hambrientas que esperaban con ansias la hora del postre.
Después de esto, su tímida autoestima se iba a ir a vivir al centro del mundo, cavando un pozo tan profundo, alojándose donde se encuentra lo caliente.
Ahí se quedaría hasta derretirse y formar parte de uno de los cantos millones de toneladas de sustancia rocosa de la tierra.
Después de castigarse por unos minutos, volvió a sí, abriendo la heladera y tomando ese balde de helado de 3 kilos que su madre -ahora protagonista y culpable de sus debilidades- había dejado allí.
Parada, frente a su mayor enemigo, quedó paralizada intentando pensar de qué manera reaccionar.
Sentía frío, como si se tratase de un empujón inesperado a una pileta en pleno invierno. Si caía en ella, se iba a quedar sin aire para siempre.
Sus arterias se taparían dificultando, casi imposibilitando el paso de la sangre que las recorría constantemente.
Eso significaba que su muerte ahora iba a ser dolorosa, una muerte sufrible. De esas que nadie quisiera tener.
Por lo menos eso es lo que ella creía.
En realidad, más que una muerte, era una decepción de sí misma.
Una buena oportunidad para dejar caer todas sus promesas en un balde lleno de debilidades hambrientas que esperaban con ansias la hora del postre.
Después de esto, su tímida autoestima se iba a ir a vivir al centro del mundo, cavando un pozo tan profundo, alojándose donde se encuentra lo caliente.
Ahí se quedaría hasta derretirse y formar parte de uno de los cantos millones de toneladas de sustancia rocosa de la tierra.
Después de castigarse por unos minutos, volvió a sí, abriendo la heladera y tomando ese balde de helado de 3 kilos que su madre -ahora protagonista y culpable de sus debilidades- había dejado allí.
martes, 28 de mayo de 2013
Terror.
Al igual que poder encontrarse, sus miradas tenían la capacidad de desconectarse rápidamente y perderse con gran facilidad.
Podían pasar desde el primer segundo hasta la más complicada semana juntos.
Podían acostarse y mirar durante horas la televisión fingiendo interés en ella.
Podían ir y volver.
Subir y bajar.
Gritarse y susurrarse.
Ella podía hacer de cuenta que estaba todo en orden cuando lo veía hablar con otra chica.
Así como también él podía fingir estar dándole amor y hacerle daño bajo las sábanas.
Tan poco protagonismo tenía la privacidad de ambos, que cuando ella se encerraba en el baño con su celular, él golpeaba fuertemente la puerta, con patadas y golpes, obligándola a abrir.
¿Por dónde pasaba la tensión? ¿Por su encierro o por su celular?
Ambos se las ingeniaban para mentir de la mejor manera. En eso eran buenos en conjunto. Ella inventaba, y tapaba. Él se aseguraba de que ella lo hiciera.
Las promesas se rompían a la noche, cuando comenzaba a armarse una tormenta con frases hirientes que volaban por al rededor de los dos, formando un
huracán que arrasaba con todo tipo de límites.
El tamaño de la cama variaba según la luz del día. La noche, que escaseaba de luz solar, era perfecta para no llamar la atención de los demás.
Entonces ahí era cuando mágicamente la cama de una plaza, se transformaba en la mitad de su tamaño original.
Ella así, se veía obligada a dormir en un sillón sentada, o en el piso, sino la cama podía molestarse y tragarla de una vez en medio de la noche.
Él necesitaba dormir en ésta, así que había que hacer silencio.
Todos lo sabían, todos callaban.
Si se animaban a preguntar, todo quedaba estancado en una mentira literalmente increíble. Mejor no meterse. Preferimos perder unas horas de sueño por culpa de su llanto. -Mejor-NO-meterse-.
El ascensor, una caja de momentos y momentos.
Era un buen lugar para hacer descarga de tensión. La palanca de "parar" bajaba. Las luces permanecían apagadas. La boca tapada. Los ojos cerrados. Las manos tensas.
Un cuerpo fuerte. El otrodébil.
La caja de momentos volvía a funcionar. El hall del edificio se llenaba de angustia. La puerta se encontraba siempre abierta. Los colectivos pasaban por esa misma cuadra.
El tren a diez.
Y ella no se iba.
Podían pasar desde el primer segundo hasta la más complicada semana juntos.
Podían acostarse y mirar durante horas la televisión fingiendo interés en ella.
Podían ir y volver.
Subir y bajar.
Gritarse y susurrarse.
Ella podía hacer de cuenta que estaba todo en orden cuando lo veía hablar con otra chica.
Así como también él podía fingir estar dándole amor y hacerle daño bajo las sábanas.
Tan poco protagonismo tenía la privacidad de ambos, que cuando ella se encerraba en el baño con su celular, él golpeaba fuertemente la puerta, con patadas y golpes, obligándola a abrir.
¿Por dónde pasaba la tensión? ¿Por su encierro o por su celular?
Ambos se las ingeniaban para mentir de la mejor manera. En eso eran buenos en conjunto. Ella inventaba, y tapaba. Él se aseguraba de que ella lo hiciera.
Las promesas se rompían a la noche, cuando comenzaba a armarse una tormenta con frases hirientes que volaban por al rededor de los dos, formando un
huracán que arrasaba con todo tipo de límites.
El tamaño de la cama variaba según la luz del día. La noche, que escaseaba de luz solar, era perfecta para no llamar la atención de los demás.
Entonces ahí era cuando mágicamente la cama de una plaza, se transformaba en la mitad de su tamaño original.
Ella así, se veía obligada a dormir en un sillón sentada, o en el piso, sino la cama podía molestarse y tragarla de una vez en medio de la noche.
Él necesitaba dormir en ésta, así que había que hacer silencio.
Todos lo sabían, todos callaban.
Si se animaban a preguntar, todo quedaba estancado en una mentira literalmente increíble. Mejor no meterse. Preferimos perder unas horas de sueño por culpa de su llanto. -Mejor-NO-meterse-.
El ascensor, una caja de momentos y momentos.
Era un buen lugar para hacer descarga de tensión. La palanca de "parar" bajaba. Las luces permanecían apagadas. La boca tapada. Los ojos cerrados. Las manos tensas.
Un cuerpo fuerte. El otro
La caja de momentos volvía a funcionar. El hall del edificio se llenaba de angustia. La puerta se encontraba siempre abierta. Los colectivos pasaban por esa misma cuadra.
El tren a diez.
Y ella no se iba.
jueves, 16 de mayo de 2013
Otro cuerpo.
De qué serviría que alagara su tatuaje, o que vivieran a pocas cuadras de distancia?
De qué serviría que saliera de la panadería y la deleitara con sus mascotas, entreteniéndola mientras esperaba el colectivo?
Tenía algún sentido que llegara y fingiera no saber dónde se habían conocido por primera vez?
Importaba mucho correr a la panadería en busca de un lápiz y un papel, para pedirle su número, mientras ella miraba nerviosa que su transporte no se pasara y así provocara su llegada tarde al trabajo?
Realmente iba a invitarla a salir el domingo a dar unas vueltas por el parque?
Enserio importaba si a ella le gustaban los perros o no?
No. Nada de eso tenía importancia alguna. De todas formas ninguna de esas cosas logró llamar su atención. Ni siquiera el poco buen trato que llegó a brindarle las veces que se cruzaron.
Ni siquiera la simpatía de una de sus mascotas. Por eso, le erró al último número de su celular. Su cuerpo y mente pedían a gritos otro tipo de atención.
domingo, 12 de mayo de 2013
Brindemos con café.
El momento era
Bajo ninguna condición. Imposible.
Tenía que dar ese salto que la iba a impulsar a terminar con todo. O empezar con algo nuevo.
Lo pensó una vez. Lo pensó rápido. Lo pensó medio. Lo pensó despacio.
Su cabeza la obligaba a digerirlo de cuantas maneras posibles pudiera.
Pero a la vez no quería detenerse un segundo más ni perder el tiempo.
Sostenía un pequeño frasco entre sus manos. Se encontraba enfrentada a una bandeja con dos tazas de café.
Comenzó a sudar. Tenía miedo porque sabía que si lo hacía, nada iba a salir mal. A menos que se arrepintiera y cometiera un "acto de bondad" frente a su víctima,
que permanecía a la espera de alguna bebida post almuerzo o algo así.
La única barrera que le bloqueaba el paso, era pensar en terceros. En la repercusión de éstos.
Lo demás era simple. Nunca había planeado algo tan poco predecible como la muerte inoportuna de alguien.
Contó hasta diez como si se tratara de un juego. Respiró hondo como si fuera a sumergirse en las aguas más profundas. Puso su mente en frío como si se encontrara en pleno verano.
Vertió las pastillas como si fueran para sí misma. ¿Realmente lo eran? ¿El cartero se había confundido de destinatario?
Pudo observar como una pastilla cayó haciendo salpicar gotas de café por fuera de los bordes de una de las tazas.
Acto seguido, repitió la acción, pero con la otra taza. Fin para ambas.
A aquel hijo de puta le va a doler más el hecho de quedarse sin el pan y sin la torta. -pensó-
De todos modos su cabeza ya no estaba lo suficientemente lúcida como para frenar, distinguir, arrepentirse o enfrentar nada ante esa situación. Los meses la habían consumido.
Ahora podía estar tranquila, pero desde otro mundo.
-Brindemos con café. - propuso-
lunes, 22 de abril de 2013
And now you've heard that words turn to gray life in the shade. A violent cry. I'm just trying' to find a mountain i can climb.
Quiero ver si soy la única a la que le pasa o qué.
Viste cuando hablas todo el tiempo con alguien? Cuando prendes la computadora y buscas a esa persona para hablar, porque comparten cosas, porque te sentís, te encontras un poco en esas conversaciones?
Viste cuando estas a punto de hacer algo y sabes que está mal, pero lo haces igual porque te superan las ganas, o la calentura, el enojo, la inhibición?
Sabes que te vas a arrepentir después, en cierto punto. Pero también pensas que "la vida es corta y hay que aprovechar todas las oportunidades".
Las cosas pasan por algo.
Y qué pasa si esa persona con la que tanto soles hablar, en realidad, no está en este momento de tu vida? Y que pasa? con quién hablas? a quién esperas para que aparezca y hablar?
Las cosas de quién lees? Las fotos de quién miras? Qué canciones son las que te transmiten algo? Qué es lo que te transmiten las canciones? Hay canciones?
¿Y si no tenes eso de lo cual arrepentirte después? ¿Y si no tenes dos cosas que poner sobre la mesa para después elegir y ver las consecuencias, celebrando la elección que tomaste o lamentándote por lo boludo que fuiste al elegir mal?
A veces podes estar lleno de actividades que te gusten. Podes estar lleno de amigos que te rodean. Podes sentirte bien con vos mismo, hasta que tocas una parte que no es tan necesario que esté llena, pero por momentos lo necesitas.
Ni siquiera sabes qué relleno tiene que ir. Ni de qué tiene que ser la consistencia. ¿Se come? ¿Tiene gusto? ¿Me gusta? ¿Dónde lo busco? ¿Por qué no aparece? ¿Que tengo mal? ¿Hay algo que deba cambiar?
Entonces ese rincón donde tiene que ir ese "algo", se empieza a llenar, cada vez más. Te saturas completamente. Pero de preguntas. Preguntas que vienen equipadas con una carga importante. Cada una tiene un taladro, que acciona sobre tu cabeza, sobre tu pecho, sobre todo tu cuerpo.
Se forman mil huecos. Te llenas de agujeros, honduras, grietas, desniveles.
Las orejas se encuentran atravesadas por agujeros que dan hacia el exterior. Las canciones y el contenido de éstas, literalmente, entran por un extremo y salen por el otro. Nada te queda.
Miras imágenes y no absorbes. No tomas el contenido. Nada te llega. Tenga o no colores. Haya o no personas. Aunque el paisaje sea profundo.
Escuchas hablar a la gente. Caras nuevas aparecen. Y así como vienen, se van. ¿Qué le pasa a tu cabeza? ¿Por qué no procesas?
Porque esos taladros te agujerearon. El interés ni siquiera se asoma. Puede que necesites algo más. Tal vez tapar todos el daño que hicieron esas preguntas.
Y ahí es cuando volvemos a repetir la secuencia a partir del "cómo". ¿Cómo tapamos los agujeros?
Que mierda lo que escribí. Estoy bloqueada. BASTA. chau.
sábado, 20 de abril de 2013
Stages.
Lo tomo con dos dedos, lo prendo, aspiro, observo.
Suelto y vuelvo a observar.
Siento.
A qué cielos volaran mis humos?
En qué ríos se derrumbara mi cuerpo hecho de cenizas?
Qué olas arrastraran mis pensamientos?
Qué costas los recibirán?
Exprimo recuerdos.
Me como tus ojos.
Vomito tu nombre.
jueves, 18 de abril de 2013
Basurita.
Hacía meses que sentía una molestia en su ojo derecho, la cual se iba agravando cada vez más en menor tiempo.
Por momentos, esa basurita que habitaba por debajo de su párpado, decidía irse a dar un par de vueltas, lo cual era un inmenso alivio y eso producía una gran satisfacción, pero luego, después de un par de horas, la invasora volvía.
Con el tiempo comenzó a sufrir grandes molestias que ahora se convertían en barreras dentro de su cabeza, que por momentos generaban una especie de cortocircuito que no le permitían concentrarse, a veces, incluso, pensar.
Necesitaba ir a un doctor urgente, ya que podía sentir como ésta se desplazaba por su ojo, pero algo le decía que iba a terminar escuchando la frase más preocupante ante un problema: "no tiene nada".
Había momentos en los que la basurita comenzaba a hacerse notar cada vez más, y en momentos claves.
Cuando abría el Facebook, o al recibir un mensaje de texto, al esperar una respuesta, al sentir la falta de presencia de "X" persona o incluso al recordar ciertas cosas.
Estas situaciones hacían que su paciencia terminara con su cuerpo entero, desplomado sobre el piso de su baño, y sus ojos rompiendo en un llanto inconsolable.
¿Por qué le angustiaba tanto?
Es que en realidad, era algo desesperante.
Las semanas pasaron hasta que un día, la basurita desapareció. Se dio cuenta porque pudo sentirlo. Hasta imaginó su partida con valijas y todo, ya que se había instalado de manera tal que el ojo había sido tomado como su hogar.
Pero aunque se hubiera marchado, y esta vez para siempre, seguía sintiendo la sensación de que ésta ya era parte de sí.
lunes, 15 de abril de 2013
Seis carajos.
Puedo acordarme de cuanto era el nivel de satisfacción mutua al estar observando cada expresión de su cara cuando le hablaba y darme cuenta de como se cruzaban un millón y medio de pensamientos paralelos por su cabeza mientras yo recitaba mi triste monologo.
Puedo recordar como frases sin sentido salían sin respeto alguno por su boca, sacandole por completo el peso a mis anécdotas.
Quiero darte la noticia de que no me importaba, y me encantaba si lo hacías Por eso, muchas veces continuaba hablando esperando a que me interrumpieras para callarme y dedicar mis sentidos a tus incoherencias.
Pero ya no se realmente si me sigue gustando ese encanto que podías llegar a generarme al hablar. Realmente no lo se. Por eso te digo que me importa tres carajos lo que se te venga a la mente, y quieras decir en voz alta, sin importar si estoy hablando. Asi como a vos te importa tres carajos mi persona y lo que me pasa cuando te escucho hablar pelotudeces.
(!!!!!!!!)
Puedo recordar como frases sin sentido salían sin respeto alguno por su boca, sacandole por completo el peso a mis anécdotas.
Quiero darte la noticia de que no me importaba, y me encantaba si lo hacías Por eso, muchas veces continuaba hablando esperando a que me interrumpieras para callarme y dedicar mis sentidos a tus incoherencias.
Pero ya no se realmente si me sigue gustando ese encanto que podías llegar a generarme al hablar. Realmente no lo se. Por eso te digo que me importa tres carajos lo que se te venga a la mente, y quieras decir en voz alta, sin importar si estoy hablando. Asi como a vos te importa tres carajos mi persona y lo que me pasa cuando te escucho hablar pelotudeces.
(!!!!!!!!)
jueves, 11 de abril de 2013
Destapo.
Los cubiertos chocaban accidentalmente contra los platos de cada individuo provocando ruido de ambiente en aquella habitación.
Dos conversaciones rondaban por la atmósfera, chocándose entre si, dificultando su llegada a cada destinatario.
Ella se encontraba sentada, observando mientras se llevaba a la boca un tenedor enredado de tallarines con salsa
Al lado suyo se encontraba su pareja. En frente, la madre y el padre. Al otro lado, su hermana.
No estaba atenta a ninguna de las conversaciones. En realidad,se entretenía mucho más con algo poco común. Por lo menos ella así lo creía. Nunca lo había hablado con nadie porque no era algo que le gustara contar.
El juego consistía en imaginarse siendo parte de aquella cena, largando una serie de preguntas con un nivel de incomodidad y desubicación extrema. Tal así era que hasta imaginaba la repercusión de sus preguntas, en las caras y acciones de los demás.
Mientras observaba a las personas hablar, elegía su blanco.
Esta vez, su pareja.
- ¿Te acordás cuando me cagaste?
- ¿En tu familia saben que cuando tenemos sexo, te gusta putearme?
- ¿Ya le contaste a tus papas que a tu ex novia la dejaste embarazada pero abortó?
Luego siguió con la hermana.
- Y decime... ¿vos a qué edad perdiste la virginidad?
- ¿ Por qué llorabas a noche?
Y por último, eligió atacar a los padres en conjunto.
- ¿Y el trabajo? ¿los siguen estafando como siempre?
- ¿Van mejor en la cama o el viejo tiene que tomar Viagra?
Su cara se iba transformando al imaginar las reacciones ante las preguntas que formulaba.
A veces imaginaba como todos dejaban de masticar y se quedaban mirando al interrogado.
Otras veces imaginaba un drama, donde la víctima comenzaba a llorar porque a veces sus preguntas eran demasiado crueles o muy íntimas como para que el resto de la familia las estuviera escuchando.
Normalmente intentaba agarrarse de datos que ella ya sabía, aunque otras cosas las suponía, o las daba por obvias.
Ni siquiera ella sabía a qué llegaba con este juego. Solo le divertía pasar el tiempo de esa forma en vez de tener que escuchar cosas que no le interesaban, y menos de alguien quien no la hacía feliz. Estaba perdiendo el tiempo y lo sabía.
No tenía ganas de volver a pensar en eso. Entonces, siguió pensando preguntas.
miércoles, 10 de abril de 2013
Rimas sin anestesia.
Te voy a llevar. Te voy a sentar.
Los pies y manos te voy a atar.
La boca no hace falta porque lo último que haces es hablar.
Voy a gritar. Me vas a escuchar.
Desde las cosas más obvias hasta las que no se pueden contar.
Te voy a llenar de cachetadas. Te voy a dejar la cara marcada.
Te voy a arrancar todos los pelos. Hasta que se me vayan todos los celos.
Cada uno de tus dedos voy a arrancar y nada vas a poder tocar.
De a poco te baño en alcohol. Te tiro un poquito en los ojos así no podes ver más el sol.
Sin miedo, con un revólver te voy a apuntar y en tu cara de súplica mis ojos se van a clavar.
Quiero jugar con vos hasta que me canse. Quiero destruirte a mi ritmo y que el tiempo me alcance.
No vas a correr, no vas a gritar. Esta vez tu presencia no me va a perturbar.
Cuando sea el momento, un fósforo me vas a ver prender. Llena de entusiasmo y riendo te voy a ver arder.
Finalmente, en un éxtasis de felicidad observo como tu cuerpo de a poco se termina de calcinar.
¿ Realmente tus cenizas tengo que barrer? ¿Enserio lo tengo que responder?
Yo no soy la que miente. En cambio vos sí. Merecías que te arrancara los dientes.
Igualmente, ya no queda nada de vos. Me siento rara. Te extraño. A penas se quién sos.
martes, 9 de abril de 2013
Contestá.
¿Dónde estás?
¿Qué haces?
¿Qué queres?
¿Por qué no apareces?
¿Por qué no me decís?
¿No querés?
¿No te gusta?
¿No vas a responder?
¿Por que te vas?
¿Sos idiota?
¿Me extrañas?
¿Te acordás?
¿Me escuchas?
¿Me ves?
¿Me estas mintiendo?
¿Qué te pasa?
¿Qué pensas?
¿Te gusta?
¿Por qué hablan?
¿Sos?
¿Te haces?
¿Podes más?
Ah, ¿no vas a responder?
...
Voy a gritar tan fuerte. Eso es lo que voy a hacer.
No me das señales. No las encuentro.
¿Las hay?
¿Vas a volver?
...
Ah, ¿no vas a responder entonces?
Ah, ¿no vas a responder entonces?
Ah, ¿no vas a responder entonces?
...
¿Qué haces?
¿Qué queres?
¿Por qué no apareces?
¿Por qué no me decís?
¿No querés?
¿No te gusta?
¿No vas a responder?
¿Por que te vas?
¿Sos idiota?
¿Me extrañas?
¿Te acordás?
¿Me escuchas?
¿Me ves?
¿Me estas mintiendo?
¿Qué te pasa?
¿Qué pensas?
¿Te gusta?
¿Por qué hablan?
¿Sos?
¿Te haces?
¿Podes más?
Ah, ¿no vas a responder?
...
Voy a gritar tan fuerte. Eso es lo que voy a hacer.
No me das señales. No las encuentro.
¿Las hay?
¿Vas a volver?
...
Ah, ¿no vas a responder entonces?
Ah, ¿no vas a responder entonces?
Ah, ¿no vas a responder entonces?
...
Entonces no te quedes más.
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