Repito una y otra vez la misma situación.
Como si se tratara del almuerzo o la cena que me obligan a comer y no quiero. Pero nadie se pregunta el por qué de mi negación a la hora de ingerir algún alimento.
Hasta la sopa tiene tu gusto. Sos cada burbuja que se aparece en la soda.
A veces observo como quedan colonias de burbujitas acumuladas en el fondo del vaso.
Entonces lo agarro y lo apoyo con fuerza sobre la mesa para que las intrusas suban a la superficie y se deshagan con la misma facilidad con la que se hicieron.
Así siento que te vas, entonces tomar no me hincha, ni me trae malestar. Así no vomito después de cada comida por culpa de esa sensación amarga que te gusta dejarme cada vez que te enfrias.
Quiero una digestión normal. Quiero que mi cuerpo te acepte. Que mis ácidos no intenten eliminarte bruscamente haciéndome daño a mi misma.
Podrás dejar de ser un malestar para mi cuerpo?
Porque
ya no quiero
vomitarte
más.
jueves, 31 de octubre de 2013
lunes, 28 de octubre de 2013
Una mezcla de desarreglos.
Tu orgullo llenó la habitación donde me encontraba tomando mate dulce y lo transformó en amargo.
Tuve que salir corriendo y gritando en busca de ayuda pero nadie me vio.
Entonces cubrí mi cabeza con ambas manos y comencé a balancearme de un lado al otro. De atrás hacia adelante.
Grité tres veces mi nombre y el de la persona que quería que se marchara.
Subí las escaleras 65 veces y las bajé 63 porque las dos que restaban me tiré por la baranda.
Al segundo intento de un desliz perfecto me caí de culo al piso, e intenté amortiguar la caída con mi brazo derecho.
Entonces sentí como uno de mis huesos se astillaba. Me había roto el brazo.
Y me dolía. Me dolía fuerte. Quería gritar y lo hice.
Pensé en guitarras o en flechas. Pensé en las ardillas y en los vidrios.
En las montañas de arena y los festivales.
En esas plantas que se encuentran abajo del mar, que cuando las tocas se cierran.
Pero nada me ayudó. Mis recursos se habían terminado.
Una galaxia se posó en mi panorama derecho y dejó que la descubriera. La miré de reojo y luego, entré.
Tuve que salir corriendo y gritando en busca de ayuda pero nadie me vio.
Entonces cubrí mi cabeza con ambas manos y comencé a balancearme de un lado al otro. De atrás hacia adelante.
Grité tres veces mi nombre y el de la persona que quería que se marchara.
Subí las escaleras 65 veces y las bajé 63 porque las dos que restaban me tiré por la baranda.
Al segundo intento de un desliz perfecto me caí de culo al piso, e intenté amortiguar la caída con mi brazo derecho.
Entonces sentí como uno de mis huesos se astillaba. Me había roto el brazo.
Y me dolía. Me dolía fuerte. Quería gritar y lo hice.
Pensé en guitarras o en flechas. Pensé en las ardillas y en los vidrios.
En las montañas de arena y los festivales.
En esas plantas que se encuentran abajo del mar, que cuando las tocas se cierran.
Pero nada me ayudó. Mis recursos se habían terminado.
Una galaxia se posó en mi panorama derecho y dejó que la descubriera. La miré de reojo y luego, entré.
jueves, 24 de octubre de 2013
Mar Abierto.
Y siempre termino desembocando en tu cuerpo.
Un mar abierto.
Estoy sobre una tabla de madera, sin seguros ni paredes. Sin agarres ni remos.
Las brújulas no existen.
Estoy a la deriva, naufragando a la espera de que otra ola embista contra mi. Que el agua me arrastre o me hunda hacia abajo, y en un intento por buscar un poco de oxígeno, tus mentiras como plantas se enreden en mis tobillos y guarde mi cuerpo en lo más oscuro de tu interior.
Los peces aparecen, te recorren y suplican. Todos quieren ser protagonistas de semejante mar venenoso.
Tus aguas enamoran. Tu temperatura tranquiliza. Tu superficie engaña. Tu profundidad atrapa.
Los cuerpos flotan, festejando mi llegada.
Una compañía más. Una pizca de azúcar para este mar tan salado. O tan amargo.
Pero ya no pueden advertirme. Sus almas permanecen en el fondo de una fosa. Son tu almuerzo y tu cena. Tu desayuno y tu merienda.
Tu ego y el producto de la intensidad que provocas antes de ahogar, y atrapar.
Bienvenida sea mi inconsciencia e inocencia.
Un mar abierto.
Estoy sobre una tabla de madera, sin seguros ni paredes. Sin agarres ni remos.
Las brújulas no existen.
Estoy a la deriva, naufragando a la espera de que otra ola embista contra mi. Que el agua me arrastre o me hunda hacia abajo, y en un intento por buscar un poco de oxígeno, tus mentiras como plantas se enreden en mis tobillos y guarde mi cuerpo en lo más oscuro de tu interior.
Los peces aparecen, te recorren y suplican. Todos quieren ser protagonistas de semejante mar venenoso.
Tus aguas enamoran. Tu temperatura tranquiliza. Tu superficie engaña. Tu profundidad atrapa.
Los cuerpos flotan, festejando mi llegada.
Una compañía más. Una pizca de azúcar para este mar tan salado. O tan amargo.
Pero ya no pueden advertirme. Sus almas permanecen en el fondo de una fosa. Son tu almuerzo y tu cena. Tu desayuno y tu merienda.
Tu ego y el producto de la intensidad que provocas antes de ahogar, y atrapar.
Bienvenida sea mi inconsciencia e inocencia.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Fiebre en la boca.
Aquella mañana amaneció antes que yo. Pude sentirlo en el intento de escapar del sopor de un sueño absurdo.
Se encontraba con el cuerpo incorporado mirando hacia la puerta del placard.
Al cabo de cinco largos minutos me dedicó una mirada posando sus ojos sobre mis muñecas descubiertas.
Como si se tratara de una búsqueda del tesoro - aunque en este caso más que un tesoro, era una desagradable sorpresa-, acercó su cara para observar detalladamente
las caras internas y externas de mis muñecas y ante brazos.
Fingiendo seguir en las profundidades de mi sueño, me di media vuelta pero continué alerta por si a caso.
Extendió su mano derecha sobre las sábanas que me cubrían y me destapó.
Ahora no solo podía observar mis brazos, sino que también podría detenerse en mis piernas o incluso en mis tobillos.
¿ En qué iba a cambiar si encontraba algo o no?
Y, ¿por qué querría encontrarlo?
Crucé mis piernas intentando cubrírmelas - por lo menos la derecha-
Qué inocente fué, que solo se conformó con mis brazos.
Qué decepcionante, creía conocerme pero sus convicciones estaban totalmente erradas- para su mala suerte-.
Creo que el filo de los objetos me conocían más a fondo que su cuerpo y mente. incluso más que sus sentidos.
Pero mis extremidades no bastaron con su estúpido papel de Sherlock Holmes - porque eso aparentaba ser, y mi mal humor aumentaba en base a su mediocre pero satisfactoria búsqueda-.
Entonces se levantó de la cama y se dirigió a mi mesita de luz.
Observó allí un frasco con pastillas de las cuales apenas recordaba su nombre y el efecto.
Me sorprendí al sentir como tomaba el frasco y, mientras lo destapaba, aspiraba su embriagador aroma dulce, pero peligroso.
Aligeró el paso hacia su mesita de luz, y vertió el contenido sobre ella.
Contó las pastillas - creyendo que con eso tendría la situación controlada- y las devolvió a su lugar.
Nunca tuve la necesidad de ser precavida con esas cosas.
Por eso había otro frasco dentro del cajón, del cual abusaba brutalmente cada vez con más frecuencia.
Pero nadie, incluso la persona que creía conocerme y cuidarme, se había dado cuenta.
Solo mi cuerpo y yo eramos testigos y víctimas - a veces conscientes- de mis demencias e inseguridades mal controladas.
Se encontraba con el cuerpo incorporado mirando hacia la puerta del placard.
Al cabo de cinco largos minutos me dedicó una mirada posando sus ojos sobre mis muñecas descubiertas.
Como si se tratara de una búsqueda del tesoro - aunque en este caso más que un tesoro, era una desagradable sorpresa-, acercó su cara para observar detalladamente
las caras internas y externas de mis muñecas y ante brazos.
Fingiendo seguir en las profundidades de mi sueño, me di media vuelta pero continué alerta por si a caso.
Extendió su mano derecha sobre las sábanas que me cubrían y me destapó.
Ahora no solo podía observar mis brazos, sino que también podría detenerse en mis piernas o incluso en mis tobillos.
¿ En qué iba a cambiar si encontraba algo o no?
Y, ¿por qué querría encontrarlo?
Crucé mis piernas intentando cubrírmelas - por lo menos la derecha-
Qué inocente fué, que solo se conformó con mis brazos.
Qué decepcionante, creía conocerme pero sus convicciones estaban totalmente erradas- para su mala suerte-.
Creo que el filo de los objetos me conocían más a fondo que su cuerpo y mente. incluso más que sus sentidos.
Pero mis extremidades no bastaron con su estúpido papel de Sherlock Holmes - porque eso aparentaba ser, y mi mal humor aumentaba en base a su mediocre pero satisfactoria búsqueda-.
Entonces se levantó de la cama y se dirigió a mi mesita de luz.
Observó allí un frasco con pastillas de las cuales apenas recordaba su nombre y el efecto.
Me sorprendí al sentir como tomaba el frasco y, mientras lo destapaba, aspiraba su embriagador aroma dulce, pero peligroso.
Aligeró el paso hacia su mesita de luz, y vertió el contenido sobre ella.
Contó las pastillas - creyendo que con eso tendría la situación controlada- y las devolvió a su lugar.
Nunca tuve la necesidad de ser precavida con esas cosas.
Por eso había otro frasco dentro del cajón, del cual abusaba brutalmente cada vez con más frecuencia.
Pero nadie, incluso la persona que creía conocerme y cuidarme, se había dado cuenta.
Solo mi cuerpo y yo eramos testigos y víctimas - a veces conscientes- de mis demencias e inseguridades mal controladas.
lunes, 30 de septiembre de 2013
Dejame dormir.
Solo quiero una noche en paz.
Siempre fui de soñar lo último que rondaba por mi cabeza antes de irme a dormir.
Siempre mis problemas deciden salir a pasear de noche y entrar a mis sueños como si se tratara de un bar.
Un bar en el que no son bienvenidos e intentan ser despedidos manifestando así sus disputas sobre mi cuerpo.
Y en medio de la noche me rindo y me despierto.
Brotan lágrimas de mis ojos y no comprendo qué pasa hasta que me veo sentada en medio de la oscuridad y se de que se trata.
La situación se repite como si fuera rutina.
¿Puedo tener un sueño tranquilo después de que, como todas las noches, te aparezcas en mi cabeza?
Siempre fui de soñar lo último que rondaba por mi cabeza antes de irme a dormir.
Siempre mis problemas deciden salir a pasear de noche y entrar a mis sueños como si se tratara de un bar.
Un bar en el que no son bienvenidos e intentan ser despedidos manifestando así sus disputas sobre mi cuerpo.
Y en medio de la noche me rindo y me despierto.
Brotan lágrimas de mis ojos y no comprendo qué pasa hasta que me veo sentada en medio de la oscuridad y se de que se trata.
La situación se repite como si fuera rutina.
¿Puedo tener un sueño tranquilo después de que, como todas las noches, te aparezcas en mi cabeza?
viernes, 27 de septiembre de 2013
Teléfono descompuesto.
Y aquí estoy.
Me vuelvo a encontrar sentada en la sala. Sobre un viejo sillón color Beige.
Tengo los brazos apoyados a los costados. Con las piernas estiradas.
Es una sensación muy cómoda. Me relajo y echo la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, abriendo mi oído a cualquier mínimo ruido que interrumpa en la sala.
Relajo la boca, le quito tensión a mis manos y a mis brazos.
Me concentro en la respiración. Tomo como guía el ruido que producen mis fosas nasales al inhalar. Retengo el aire. Y suelto.
Pero suelto por la nariz. No me gusta exhalar por la boca. Siento que al hacerlo, pueden salir mil millones de pensamientos que se escapan desde mi cerebro,
y dejarme al descubierto, como si me quitaran una manta de encima, en un intento de relajación frustrada.
Y gracias a ese miedo que me agarra, me pongo a pensar, que tal vez, no sirve que relaje tanto mi cuerpo, si mi mente está confusa y tengo tanto que decir y que ordenar.
Tanto que decir y esconder. Tanto que callar y reflexionar.
Tantas cosas por hacer y arrepentirme al instante porque se tratan de solo impulsos.
Estoy esperando algo. Esta vez, lo se. Esta vez estoy concentrada en no perder la calma.
En hacer el menor ruido posible para que, al hacerse presente, su llegada impacte sobre mí provocándome el placer más grande del día.
Su presencia trae consigo un peso con el que cargo en la espalda y hace que me arquee, produciéndome así una molestia del séptimo infierno.
Un asco.
Pero del placer paso a la intriga y de la intriga a la noticia.
Tanto buena como mala, como siempre, ya no tiene importancia. Me pasé horas pensando en eso y el teléfono nunca sonó.
Me vuelvo a encontrar sentada en la sala. Sobre un viejo sillón color Beige.
Tengo los brazos apoyados a los costados. Con las piernas estiradas.
Es una sensación muy cómoda. Me relajo y echo la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, abriendo mi oído a cualquier mínimo ruido que interrumpa en la sala.
Relajo la boca, le quito tensión a mis manos y a mis brazos.
Me concentro en la respiración. Tomo como guía el ruido que producen mis fosas nasales al inhalar. Retengo el aire. Y suelto.
Pero suelto por la nariz. No me gusta exhalar por la boca. Siento que al hacerlo, pueden salir mil millones de pensamientos que se escapan desde mi cerebro,
y dejarme al descubierto, como si me quitaran una manta de encima, en un intento de relajación frustrada.
Y gracias a ese miedo que me agarra, me pongo a pensar, que tal vez, no sirve que relaje tanto mi cuerpo, si mi mente está confusa y tengo tanto que decir y que ordenar.
Tanto que decir y esconder. Tanto que callar y reflexionar.
Tantas cosas por hacer y arrepentirme al instante porque se tratan de solo impulsos.
Estoy esperando algo. Esta vez, lo se. Esta vez estoy concentrada en no perder la calma.
Su presencia trae consigo un peso con el que cargo en la espalda y hace que me arquee, produciéndome así una molestia del séptimo infierno.
Un asco.
Pero del placer paso a la intriga y de la intriga a la noticia.
Tanto buena como mala, como siempre, ya no tiene importancia. Me pasé horas pensando en eso y el teléfono nunca sonó.
domingo, 22 de septiembre de 2013
Inocente primavera.
Quiero recorrerte en ascensor, escuchando la música que más te guste dentro de él.
Quiero mantener la calma después de conocer el 1º piso.
El día en el que entro, mis sentidos se despiertan curiosos, y necesitan conocer para saciar la desesperación.
Pero a la vez tengo miedo y no quiero subir.
Siempre me ganó la curiosidad.
Entonces me meto dentro de la caja de pandora y comienzo a apretar los botones en un orden desesperante e insoportable para mi paciencia.
1º, 2º, 3º. Ya te recorrí.
Y cuando pienso que mi busqueda tuvo fin, me doy cuenta de que me faltó abrir una puerta, que se encuentra ubicada arriba de todo, en la cual nunca reparé.
Y para sufrir más la situación, tengo que trasladarme por las escaleras. Salgo de lo cómodo para entrar a lo incómodo.
Me paro frente a la puerta, observando cada detalle. Giro el picaporte.
Al abrirse, permanezco inmóvil. Me falta el aire. Me duele el pecho. Y rompo a llorar silenciosamente, por un lugar que apenas conozco. Un lugar al que no me dieron permiso para visitar.
Era de esperar.
Los pisos 1º, 2º y 3º eran parte de tu cuerpo.
La puerta sin número era tu cabeza. Y yo no me vi dentro.
Para mi sorpresa fui recibida por alguien que intentaba bajar por el ascensor del que yo venía, para así recorrerte de a poco.
La única diferencia fue que esa persona te estaba explorando porque vos la habías dejado hacerlo.
Y yo no lo sabía.
Quiero mantener la calma después de conocer el 1º piso.
El día en el que entro, mis sentidos se despiertan curiosos, y necesitan conocer para saciar la desesperación.
Pero a la vez tengo miedo y no quiero subir.
Siempre me ganó la curiosidad.
Entonces me meto dentro de la caja de pandora y comienzo a apretar los botones en un orden desesperante e insoportable para mi paciencia.
1º, 2º, 3º. Ya te recorrí.
Y cuando pienso que mi busqueda tuvo fin, me doy cuenta de que me faltó abrir una puerta, que se encuentra ubicada arriba de todo, en la cual nunca reparé.
Y para sufrir más la situación, tengo que trasladarme por las escaleras. Salgo de lo cómodo para entrar a lo incómodo.
Me paro frente a la puerta, observando cada detalle. Giro el picaporte.
Al abrirse, permanezco inmóvil. Me falta el aire. Me duele el pecho. Y rompo a llorar silenciosamente, por un lugar que apenas conozco. Un lugar al que no me dieron permiso para visitar.
Era de esperar.
Los pisos 1º, 2º y 3º eran parte de tu cuerpo.
La puerta sin número era tu cabeza. Y yo no me vi dentro.
Para mi sorpresa fui recibida por alguien que intentaba bajar por el ascensor del que yo venía, para así recorrerte de a poco.
La única diferencia fue que esa persona te estaba explorando porque vos la habías dejado hacerlo.
Y yo no lo sabía.
lunes, 16 de septiembre de 2013
Remitente desconocido.
La habitación queda a oscuras y en silencio.
Nuestros oídos esperan la siguiente canción.
De repente suena.
Y se inunda cada vértice, haciendo vibrar el ambiente con una atmósfera agradable, extraña e imposiblemente familiar.
Cada cuerda tensa que se toca, provoca distintas melodías que como olas rompen sobre nuestros brazos, sobre nuestra cara, mi pecho, el tuyo, ambas espaldas y al salir, filtradas por los capilares,forman esa esperada piel de gallina.
Ahí mi mundo se detiene. Baja de mil a cien. Y te observo. Me adentro en tus pupilas y te entiendo.
Así como vos a mi.
Te acaricio el pelo y te contemplo,mientras intento tranquilizar a todos mis sentires que rebotan dentro mío.
Pero llega esa parte de la canción en la que estallo. Exploto. Reviento.
Y se lo que me pasa cuando te miro.
Nuestros oídos esperan la siguiente canción.
De repente suena.
Y se inunda cada vértice, haciendo vibrar el ambiente con una atmósfera agradable, extraña e imposiblemente familiar.
Cada cuerda tensa que se toca, provoca distintas melodías que como olas rompen sobre nuestros brazos, sobre nuestra cara, mi pecho, el tuyo, ambas espaldas y al salir, filtradas por los capilares,forman esa esperada piel de gallina.
Ahí mi mundo se detiene. Baja de mil a cien. Y te observo. Me adentro en tus pupilas y te entiendo.
Así como vos a mi.
Te acaricio el pelo y te contemplo,mientras intento tranquilizar a todos mis sentires que rebotan dentro mío.
Pero llega esa parte de la canción en la que estallo. Exploto. Reviento.
Y se lo que me pasa cuando te miro.
Ruta 2.
Y si al despertar, la realidad que ven mis ojos al abrirse es tu imagen pidiéndome entre sollozos que siga en pie, que no me vaya?
Y si nunca despertó de ese coma? Abandonando así a los suyos, dejando apenas una triste y corta vida que tal vez habría podido cambiar si tan solo tomaba conciencia, pese a su edad.
Es necesario que aunque no ponga fichas, el motor de mi cerebro se active a mil y me pase 100 veces la misma película antes de irme a dormir?
Y como hubiera actuado yo? Seguramente me hubiese quedado en mi lugar.
Y lo único que me hubiese echo ruido hubiese sido el latido de mis venas dilatadas y mi cara teñida de un rojo feo causado por la posición en la que quedé.
A veces pienso que realmente viniste conmigo y te pasó algo muy malo como para no contármelo y así vivir como una mentira todos los momentos en los que te haces presente en mi vida.
Hay tantas cosas que quiero saber. Pero es poco lo dispuesta que estoy a observar.
Las imágenes que se forman entre sueños y momentos personales, se estiran y se alargan reproduciéndose en cámara lenta y luego en cámara rápida.
De día y de noche. Yo adelante, yo al costado. Yo viva, yo muerta.
Y finalmente me rindo ante el sueño, y por primera vez en la noche, mis pensamientos se aflojan.
Pero no se en qué realidad me voy a despertar cuando sean las 7:50 am, y el teléfono suene, trayendo con sí, la mala noticia.
Y si nunca despertó de ese coma? Abandonando así a los suyos, dejando apenas una triste y corta vida que tal vez habría podido cambiar si tan solo tomaba conciencia, pese a su edad.
Es necesario que aunque no ponga fichas, el motor de mi cerebro se active a mil y me pase 100 veces la misma película antes de irme a dormir?
Y como hubiera actuado yo? Seguramente me hubiese quedado en mi lugar.
Y lo único que me hubiese echo ruido hubiese sido el latido de mis venas dilatadas y mi cara teñida de un rojo feo causado por la posición en la que quedé.
A veces pienso que realmente viniste conmigo y te pasó algo muy malo como para no contármelo y así vivir como una mentira todos los momentos en los que te haces presente en mi vida.
Hay tantas cosas que quiero saber. Pero es poco lo dispuesta que estoy a observar.
Las imágenes que se forman entre sueños y momentos personales, se estiran y se alargan reproduciéndose en cámara lenta y luego en cámara rápida.
De día y de noche. Yo adelante, yo al costado. Yo viva, yo muerta.
Y finalmente me rindo ante el sueño, y por primera vez en la noche, mis pensamientos se aflojan.
Pero no se en qué realidad me voy a despertar cuando sean las 7:50 am, y el teléfono suene, trayendo con sí, la mala noticia.
lunes, 9 de septiembre de 2013
Domingo por la mañana.
Una caminata extensa por un lugar al que nunca me habían llevado.
Largas charlas bajo la sombra de un árbol viejo que se resistía a los rayos del sol.
Dos estómagos llenos. El deleite de sus ojos a los míos.
Su suave tono de voz y su placentera sonrisa que prometía indescriptibles sensaciones futuras.
La puesta del sol y su despedida, acompañada de una brisa que regalaba un clima agradable.
La llegada de una luna comida por ratones que se decidía a quedarse ahí, para bañarnos con su luz tenue.
Le ofrecí mi espacio. Compartimos un viaje, con un silencio que no nos inquietó.
Mi cama fue nuestro último enlace. Dormí rodeada por sus brazos como una enredadera que abraza a un árbol.
Sentí cómo su respiración se metía entre mi pelo y llegaba hasta mi nuca.
Fue la melodía que me hizo dormir profundamente hasta el día siguiente.
Cuando desperté, reparé sobre el espacio brutal que sobraba en la cama. Me dí cuenta de que nada
de lo que había sucedido aquel día había bastado para que no se marchara por la mañana.
Largas charlas bajo la sombra de un árbol viejo que se resistía a los rayos del sol.
Dos estómagos llenos. El deleite de sus ojos a los míos.
Su suave tono de voz y su placentera sonrisa que prometía indescriptibles sensaciones futuras.
La puesta del sol y su despedida, acompañada de una brisa que regalaba un clima agradable.
La llegada de una luna comida por ratones que se decidía a quedarse ahí, para bañarnos con su luz tenue.
Le ofrecí mi espacio. Compartimos un viaje, con un silencio que no nos inquietó.
Mi cama fue nuestro último enlace. Dormí rodeada por sus brazos como una enredadera que abraza a un árbol.
Sentí cómo su respiración se metía entre mi pelo y llegaba hasta mi nuca.
Fue la melodía que me hizo dormir profundamente hasta el día siguiente.
Cuando desperté, reparé sobre el espacio brutal que sobraba en la cama. Me dí cuenta de que nada
de lo que había sucedido aquel día había bastado para que no se marchara por la mañana.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Vos en imprenta.
Subo y bajo corriendo por las rampas empinadas.
Retrocedo al cruzarme con una montaña alta que le da más diversión a mi travesía por recorrer cada letra consiguiente.
lunes, 2 de septiembre de 2013
Muy vos.
Ella parada. El sentado.
Permanecieron inmóviles por un rato.
Mirándose el uno al otro y transmitiendo un pasado cargado en sus ojos.
Ambos tenían qué contar. Pero ese momento no era para hablar.
Era momento de olvido. De fingir. De hacer de cuenta.
Lo demás vendría solo.
Fingirían ser el uno para el otro.
Hasta darse cuenta, algún día, que todo había sido tiempo perdido.
Y no habría historia que seguir con falsedad de por medio.
Permanecieron inmóviles por un rato.
Mirándose el uno al otro y transmitiendo un pasado cargado en sus ojos.
Ambos tenían qué contar. Pero ese momento no era para hablar.
Era momento de olvido. De fingir. De hacer de cuenta.
Lo demás vendría solo.
Fingirían ser el uno para el otro.
Hasta darse cuenta, algún día, que todo había sido tiempo perdido.
Y no habría historia que seguir con falsedad de por medio.
domingo, 25 de agosto de 2013
Pérdida de equilibrio- caída- impacto.
Te siento como cuerda floja.
No tenes esa tensión que me asegura lo firme.
Miro para abajo y me mareo. Está lleno de piedras
y tu reacción al imaginarte un accidente siendo parte de tal junto con ellas te divierte.
Te dan ganas de soltarte y dejarme caer al vacío.
Y quién me ataja? me atajo yo. Como puedo o como me salga. Con mis manos debajo de mi cuerpo, soportando mi propio peso
y sintiendo la superficie del otro lado.
E impactar.
Impactar junto con otros cuerpos que me esperan.
Impactar deseando caer pegada a un cuadro sin figurita o en su defecto caer justo encima del viejo mazo.
Y agrandar la familia.
Y agrandar tu ego.
No tenes esa tensión que me asegura lo firme.
Miro para abajo y me mareo. Está lleno de piedras
y tu reacción al imaginarte un accidente siendo parte de tal junto con ellas te divierte.
Te dan ganas de soltarte y dejarme caer al vacío.
Y quién me ataja? me atajo yo. Como puedo o como me salga. Con mis manos debajo de mi cuerpo, soportando mi propio peso
y sintiendo la superficie del otro lado.
E impactar.
Impactar junto con otros cuerpos que me esperan.
Impactar deseando caer pegada a un cuadro sin figurita o en su defecto caer justo encima del viejo mazo.
Y agrandar la familia.
Y agrandar tu ego.
lunes, 12 de agosto de 2013
Des-ordename.
Llegó a su casa cansada, agobiada, exhausta de trabajo que rebalsaba por encima de la tapa de su cráneo.
Tras abrir la puerta, observó el desorden familiar que había sobre la mesa.
No quería recordar lo que había pasado ayer sobre ella. No era tan importante, al igual que tantos otros desórdenes en otras partes de su casa.
Todos esos desconciertos la aburrían temporalmente. Todos iguales, unos más enquilombados que otros.
Necesitaba re ordenar su vida de forma desorganizada, como a ella le gustaba.
Consideró la opción de revisar en los bolsillos de su saco, en busca de un nuevo desorden, y confiando en que este iba a ser un remolino de papeles que le darían vuelta la casa, dejando cosas así como el sillón en el baño o el horno en el dormitorio, introdujo la mano en su bolsillo y sacó un nuevo papelito.
Tomó el teléfono y marcó, un nuevo y desconocido número para su agenda mental, normalmente desordenada. Tal como a ella le gustaba.
Tras abrir la puerta, observó el desorden familiar que había sobre la mesa.
No quería recordar lo que había pasado ayer sobre ella. No era tan importante, al igual que tantos otros desórdenes en otras partes de su casa.
Todos esos desconciertos la aburrían temporalmente. Todos iguales, unos más enquilombados que otros.
Necesitaba re ordenar su vida de forma desorganizada, como a ella le gustaba.
Consideró la opción de revisar en los bolsillos de su saco, en busca de un nuevo desorden, y confiando en que este iba a ser un remolino de papeles que le darían vuelta la casa, dejando cosas así como el sillón en el baño o el horno en el dormitorio, introdujo la mano en su bolsillo y sacó un nuevo papelito.
Tomó el teléfono y marcó, un nuevo y desconocido número para su agenda mental, normalmente desordenada. Tal como a ella le gustaba.
jueves, 1 de agosto de 2013
Del revés.
Como no estas a mi alcance, decido buscarte vía internet.
Me acerco a la computadora y ahí está tu nombre, acompañado de un circulo color verde al costado, que marca tu disponibilidad para cualquier tipo de caprichos que se me ocurran.
Tengo ganas de que tu estómago ingiera cualquier tipo de químico y que te deje del revés.
El solo pensarlo me alborota de forma efusiva.
Comienzo con una charla que tiende a un desastre y de repente, PUM. Aprieto el botón que detona la bomba. "Enter". Y lo envío.
Tu reacción complace a mis caprichos, porque dejaste de responder, el circulo permanece color verde, y ahora estoy a la espera del resultado: Incoherencias que salen de tus manos temblorosas.
Puedo darme cuenta de tu estado de inconsciencia que lucha por seguir la discusión.
Tu vulnerabilidad me hace fuerte y me aprovecho de ella sacando ventaja, triunfante.
Hasta que de repente, el círculo que se encontraba al costado de tu nombre, ya no está.
Me importa poco si te fuiste porque tu cuerpo no aguantaba y se desplomó sobre el teclado, o si te fuiste porque no querías seguir discutiendo.
Pero tu indiferencia me deja del revés.
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