lunes, 18 de noviembre de 2013

Callen a las llaves!

A decir por mi estado de lucidez en aquel momento, hubiese jurado verte haciendo la fila para conseguir las entradas más caras con tal de darte un verdadero festín con el espectáculo.
Situación más ridícula que la mía, en el intento de encontrar la famosa e imaginaria llave que correspondía para cerrar algo tan simbólico, algo tan intenso, tan agotador, como estos últimos años, no se asemejaba.
¿Por qué se me veía tan ridícula, agachada en el piso, tambaleándome sobre mis cuclillas, sacudiendo un manojo con quinientas llaves que se reían de mi?
Tal vez, porque solo yo escuchaba sus risas y solo yo creía que alguna iba a dar un cierre al fin.
 Pero no.
Así que me la pasé toda la noche buscando esa puta llave hasta que recobré la poca lucidez que tanto te hacía reír. 
A vos y a ese manojo.
Para ese entonces, mi espectáculo había terminado y el sonido ensordecedor de tus aplausos dio fin a la rutina.


mi
show.

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